La montaña mágica

Mi lectura gruesa del verano. La había atacado ya hace unos años, pero supongo que la nueva traducción (de Isabel García Adánez) ha contribuido lo suyo a que pudiera culminar el segundo asalto a la cara norte de esta apabullante Montaña mágica. He disfrutado como un enano cada página --incluso muchas de las abstrusas discusiones de Septembrini y Naphta-- y no he dejado de pasmarme ante una historia donde caben las descripciones más minuciosas del clima de alta montaña, una curiosa estampa de una sesión de rayos-X o los vaivenes del amor adolescente por una rusa misteriosa. Todo ello hilvanado con curiosas reflexiones sobre el paso del tiempo y cómo lo percibimos. El final, inesperado, estalla como una tormenta que da un sentido nuevo a todo lo leído hasta entonces.
Los clásicos es lo que tienen, es fácil recomendarlos.